Startups en la Bolsa Mexicana de Valores: una carrera con enormes obstáculos

En el mundo, las startups compiten en Bolsa, pero en México están ausentes del piso de subastas. La culpa es del mercado.

Por Gabriela Chávez

Hace unos 20 años, poner las palabras oferta pública inicial (OPI) y startup en la misma oración era casi una incoherencia. Los mercados bursátiles eran un sueño que pocas empresas pequeñas podían alcanzar. Sin embargo, hoy, la fiebre de las startups con valores de mercado por encima de 1,000 millones de dólares ha logrado que la relación entre ambos conceptos sea algo natural.

El auge mundial de startups provocó que durante los primeros nueve meses de 2015 se registraran 890 OPI, según datos del reporte de tendencias bursátiles de la consultora Ernst & Young. De ellos, el 45 % fue acaparado por Asia y 20 % por Estados Unidos, en especial en la zona de Silicon Valley, California. Aunque la fiebre emprendedora está presente en distintas latitudes, salir a Bolsa no es posible para todos. ¿Qué ocurre en el caso de las startups mexicanas?

En este país, el ecosistema emprendedor ha despegado en últimos años y puede jactarse de contar con claros casos de éxito. Pero, el valor de capitalización de las empresas y los montos de facturación están lejos de las firmas tecnológicas que anuncian con bombo y platillo sus ofertas públicas.

“Para que los emprendedores mexicanos coticen en Bolsa, lo primero que debería cambiar son las condiciones de la Bolsa”, asegura Alberto Padilla, quien es emprendedor y director general de la startup de carpooling Bla Bla Car México. Y es que en la actualidad resulta más difícil que una startup sobresalga en México que en Estados Unidos, Asia o Europa.

Un precio muy alto

Los requisitos exigentes no son únicos del mercado mexicano. La diferencia es que, en Estados Unidos, las startups que alcanzan el éxito son más propensas a recibir grandes cantidades de capital y obtener valuaciones de más de seis ceros debido a la madurez del mercado.

Así surge el término “unicornio”, startups que en cinco años, en promedio, cuentan con valores de capitalización de al menos 1,000 millones de dólares, como Uber, Airbnb o Pure Storage, dedicada al almacenaje en la nube. La startup de pagos móviles Square, propiedad del fundador de Twitter, Jack Dorsey, es uno de los ejemplos más recientes. Con menos de seis años en el mercado, en noviembre de 2015 realizó su IPO con un valor de 4,200 millones de dólares.

Ahora sale caro llegar a la Bolsa. “Los trámites son costosos; además, el proceso es un poco opaco y es raro que un emprendedor sepa de este mundo y de cuál es el proceso para acercarse”, afirma Padilla. “El proceso de transparentar es duro”, además, se estima entre 250,000 y 500,000 pesos, según cálculos de Ernst & Young. Asimismo, hay que contemplar la ruta para visitar inversionistas, en un tour que se conoce como roadshow, en que se acostumbra seducir a posibles accionistas para formar parte de la OPI y el futuro de la empresa.

La suma de estas condiciones hace complejo que los emprendedores mexicanos –un ecosistema aún en temprano desarrollo– accedan al entorno bursátil. No obstante, en los últimos años la misma BMV ha hecho esfuerzos para democratizar el acceso al sector y reducir las complicaciones.

Para el director del Centro de Investigación e Iniciativa Empresarial (CiiE) del IPADE Business School, José Antonio Dávila, el freno para los emprendedores está del lado de la BMV y propone que se hagan más esfuerzos para abrir índices especiales en donde también puedan jugar empresas de menor tamaño.

En Wall Street, por ejemplo, existe un índice independiente para startups, además de que las empresas unicornio cotizan en el índice tecnológico Nasdaq. En la India, por otro lado, se crearon índices separados para pequeñas y medianas empresas.

¿Vale la pena el esfuerzo? 

De acuerdo con Dávila y Padilla, las firmas que salen a Bolsa tienen muchas posibilidades de convertirse en grandes corporativos, ya que uno de los fundamentos para ser una empresa pública es obtener capital de forma masiva para continuar creciendo.

A Padilla le gustaría lograr una IPO con un proyecto mexicano. “Salir a Bolsa sí se puede considerar como una señal de éxito. Es atractivo y mucha gente del ecosistema lo espera y va hacia allá”, dice. “Cuando te das cuenta de que tienes un negocio con éxito y de que ya encontraste la fórmula ganadora, hay que explotar el mercado; para esto hace falta más capital para acelerar su desarrollo, por lo que salir a Bolsa es efectivo porque los accionistas te dan ese dinero”.

Sin embargo, ser público no es para todos. El manager de inversiones del banco de inversión de Silicon Valley GGV, Glenn Solomon, compartió, en una publicación de su institución, algunos consejos antes de decidir salir a Bolsa. Advierte que una vez en el ojo público, la exigencia siempre será superior, pues deberán cumplir con las expectativas de los inversionistas cada trimestre.

“Tu aceleradora puede celebrar que llegaste a 97 % de las expectativas en un trimestre, pero ese 3 % que no se cumplió, ante los inversionistas de Wall Street significa que no cumpliste y que tus acciones bajen”, cita Solomon, quien lideró inversiones del sistema de música en streaming Pandora o la startup Square.

Salir a Bolsa debe tomarse con mesura. Los expertos creen que llegará el día en que una startup mexicana haga una oferta pública. Tal vez en cinco o siete años. El ecosistema emprendedor nacional requiere de un caso de ese nivel para ganar mayor relevancia entre los ecosistemas emprendedores del mundo.