El mundial de futbol de 2018 será una oportunidad para países como México, Panamá o Islandia para avanzar en su soft power, una demostración de los desequilibrios geopolíticos en la política global y un espectáculo internacional donde las fuerzas del nacionalismo, capitalismo y la tecnología unen y dividen al mundo. Sin embargo, quiero abordar otro tema para quienes están preocupados por los derechos humanos: los boicots a los mundiales.

Antes de ser eliminado para la clasificación, el jugador de Costa de Marfil, Yaya Touré, dijo que consideraba boicotear la copa mundial de Rusia por el abuso racial recibido. Podría ser contradictorio para los politólogos tomar una posición en contra de boicotear ese mundial o el de Qatar en 2022. Soy crítico de los regímenes en esos países. Ambos son autoritarios. Rusia se ha enganchado en el expansionismo y militarización en Ucrania y se anexó ilegalmente Crimea. Se están deteriorando las libertades civiles de los ciudadanos y periodistas, mientras que, si eres un parlamentario que cuestiona las guerras, te pueden tachar de “traidor”. Qatar es una monarquía autoritaria del Golfo y “compró” la Copa Mundial. Hay reportes de esclavitud laboral y muertes de los trabajadores que están construyendo los estadios.

A pesar de ser crítico de los regímenes autoritarios y en cómo la FIFA se ha comprometido en las ofertas para las copas del mundo (se han reportado corrupción y sobornos), creo que los boicots son contra-productivos. Primero, porque si vas al mundial se puede mandar un mensaje más poderoso al resto del mundo y  se impacta a más personas. Segundo, los deportes internacionales deberían ser indiferentes al tipo de régimen, ideología, nación, cultura, religión, grupo lingüístico, tribu y orientación sexual.

Finalmente, la mejor respuesta para un boicot es ganar y dejar fuera las críticas o incluso a los racistas. Cuando Jesse Owens, un atleta negro americano, ganó su cuarta medalla de oro en 1936, se burló de las retorcidas ideas de Hitler sobre la superioridad de la “raza aria”. Mi mensaje para Touré es que no deje que los racistas ganen. Que no silencie su poderoso mensaje antirracista. Los africanos, asiáticos, latinoamericanos, deben ir a Rusia y expresarse contra el racismo, y quizá si un país africano gana la copa mundial, podría callar a todos los racistas.

La mejor respuesta para un boicot es ganar y dejar fuera las críticas o incluso a los racistas

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