Jesús Almazán

Por Luis Estrada

Parecía un día como cualquier otro para Luis Rojas Moreno. Era una de las tantas tardes en las que iba y venía para entregar la comida que vendía a trabajadores de la construcción en Monterrey. Cuando tomó el volante para regresar a casa, no sabía que un resplandor en su vista marcaría un nuevo camino en su vida. Uno que lo dejaría con pocas armas para vivir y mantener a su esposa y dos hijos.

“Iba en la carretera cuando vi algo, como un flashazo; era como si me hubieran tomado una fotografía. Fue una luz que me dejó casi ciego”, cuenta Luis Rojas. Como pudo, llegó a casa; tomó lo que tenía y junto a su esposa se dirigió al centro de salud, donde no tuvieron suerte y no fueron atendidos. Finalmente, llegaron al Hospital Metropolitano, lugar en el que se le diagnosticó retinopatía diabética.

Su situación no era nada alentadora. Luis vivía con diabetes desde que nació, y después de 33 años no había recibido ningún tipo de atención. Ahora, la retinopatía se estaba apoderando de su vista mostrándole destellos de luz. Se trata de una enfermedad que, al igual que el glaucoma y las cataratas, se origina principalmente por la presencia de diabetes e hipertensión. Además, en sus diferentes tipos, se caracteriza por ser silenciosa y, como sus síntomas son casi nulos, ha ocasionado que se haya convertido en la tercera causa de ceguera irreversible en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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El daño en sus ojos era muy severo “y en el Hospital Metropolitano nos dijeron que no contaban con la tecnología para operarlo”, relata su esposa Rosalba Rodríguez. Afortunadamente, en el hospital conocieron al doctor Patricio Rodríguez, quien los motivó a pedir una consulta en la Clínica de Atención Médica (CAM) de la Fundación Santos y De la Garza Evia (FSGE) en Santa Catarina, Nuevo León, donde podrían recibir apoyo para detener la enfermedad en los ojos de Luis Rojas.

Volver a la vida

El daño en los vasos sanguíneos de la retina de Luis era severo y los médicos de la Clínica de Oftalmología de CAM notaron que si se dejaban pasar más años sin tratamiento podía perder la vista por completo. “Cuando llegamos nos atendieron inmediatamente y nos ayudaron con los gastos de las consultas y las fotocoagulaciones que me tenían que hacer para controlar la retinopatía”, relata Luis. Era el año 2010 cuando se le practicó la primera cirugía: una vitrectomía en el ojo derecho para proteger el izquierdo, un proceso quirúrgico que le permitió recuperar una parte importante de su vista.

“No recuperó la visión al 100 %. Sin embargo volvió a ver el rostro de sus hijos y recobrar su confianza. Simplemente le devolvieron su vida”, cuenta con gratitud Rosalba. Y es que para esta familia nada ha sido fácil. Con la enfermedad de su marido se acabaron los pocos ingresos que percibían de su trabajo vendiendo comida, dinero con el que también mantenían a sus hijos de seis y ocho años de edad.

La Fundación Santos y De la Garza Evia ofreció fondos para ayudar a la familia Rojas y cubrió todos los gastos de esta operación, así como de una segunda intervención en 2013, en la que se le extrajo una catarata del ojo izquierdo.

A la fecha, Luis ha transformado su vida. Sus ojos pueden volver a ver la luz y reintegrarse a la vida laboral, ahora como parrillero de hamburguesas. El apoyo por parte de esta institución aún continúa. “Una de nuestras misiones es ofrecer un plan integral de bienestar y salud a las personas de escasos recursos”, señala Lupita Grijalva (MAI’94), directora de la fundación.

Desde su última operación, Luis acude periódicamente a revisiones en el Centro de Atención Médica. Aquí converge un equipo multidisciplinario: el Centro de Oftalmología, donde fue operado; el Centro de Especialidades Médicas, donde controla su diabetes, y el Centro Académico de Bienestar Integral (CABI), enfocado en la ayuda en sicología y nutrición.

En total, en el CAM, inaugurado hace 11 años, se atiende con 16 especialidades médicas, que impactan al año a más de 30,000 personas de escasos recursos y que no cuentan con ningún tipo de seguridad social. En este año se han ofrecido más de 18,000 consultas de oftalmología y más de 700 cirugías por cataratas, glaucoma, retinopatía diabética y trasplantes de córneas.

“Llegan personas principalmente del norte del país, pero actualmente tenemos pacientes de todo México. Lo mejor es que las experiencias, la calidad y el buen trato que tenemos ha motivado que más gente llegue al CAM”, asegura la directora de la fundación.

Para lograr esto, tanto los estudiantes como los profesores del Tecnológico de Monterrey juegan un papel muy importante en el modelo de atención. En entrevista con Tec Review, el doctor Juan Homar Paez Garza, director de Programas Sociales de TecSalud, explica que existen tres ejes en los que se dirige la fundación: la atención médica a través de los centros de atención como el CAM, la educación y sensibilización de los alumnos, y la obtención y manejo de apoyos.

“El centro es atendido por médicos del Hospital San José y Zambrano Hellion, así como por alumnos de la Escuela de Medicina del Tec. Este proyecto es muy importante porque se privilegia la atención a la población con indicadores de calidad y apoya a la investigación clínica de nuestros egresados”, explica Paez Garza.

Esta forma de trabajar sigue la idea principal de sus fundadores. Lupita Grijalva cuenta que la FSGE se constituyó en 1977 con el objetivo de operar el Hospital San José, el cual abrió sus puertas en el año 1969. En esta época, Eugenio Garza, entonces presidente del Tecnológico de Monterrey, solicitó a Ignacio A. Santos que el recién creado hospital se convirtiera en el campo clínico para la creación de la Escuela de Medicina. Con esta propuesta, Ignacio encontró la estrategia para proteger las dos instituciones a través de la creación de la fundación.

Perspectivas de crecimiento

El objetivo de esta institución es seguir apoyando a más gente como Luis Rojas. El doctor Juan Homar planea replicar el modelo de ayuda del CAM en otras partes, como el nuevo proyecto del DistritoTec. “Estamos trabajando para aumentar las especialidades de atención en lo que llamamos un Centro de Vida, para que tengan más impacto en la sociedad, como cáncer, pediatría, control de obesidad, enfermedades neurológicas, enfermedades bucodentales, etcétera”.

La idea es combinar el apoyo a la sociedad con el emprendimiento de los alumnos y la investigación en donde converjan todas las carreras del Tec de Monterrey.

El doctor Homar Paez considera que la mayor satisfacción que tiene es poder ver a la gente llena de confianza que regresa por la calidad del servicio y compromiso que tienen con ellos. “Todos los médicos, alumnos y personal de la fundación –confiesa– trabajan en un proyecto que hace mucho bien a miles de personas”.

Uno de los proyectos en el que trabaja el CAM desde hace medio año es ofrecer consultas para la detección de cáncer de mama, servicio que se empezó a brindar en 2015. Para ello, cuenta con doctores expertos en el área de salud, así como equipo médico para la prevención y diagnóstico oportuno. A la fecha se han detectado cuatro casos, los que son atendidos ya en el Hospital San José gracias a la Fundación Santos y De la Garza Evia.