Foto: NASA

El cerebro de los astronautas se ha convertido en una fuente invaluable de datos para investigadores que buscan remedios para algunos desórdenes neurológicos de personas comunes y corrientes.

Científicos belgas se dieron cuenta que el cuerpo de un astronauta emite señales contradictorias al cerebro en su proceso de adaptación a la vida en el espacio. Por ejemplo un ambiente con gravedad cero el oído lo interpreta como una caída al vacío pero los ojos no detectan ningún movimiento por lo que el cerebro se somete al cerebro de interpretar los dos tipos de información.

Muchos desórdenes comunes en la Tierra surgen de la misma incapacidad del cerebro para adaptarse correctamente a señales opuestas del cuerpo al cerebro.

El profesor Floris Wuyts, quién dirige el estudio dice que los astronautas representan una vía ética para observar el cerebro humano antes y después de un episodio estresante.

“Idealmente haríamos escaneo del cerebro en las personas cuando están sanas y después cuando empiezan a sufrir el desorden porque podríamos ver dónde ocurrieron los cambios. Pero esa situación ideal no existe y tampoco podemos someter al paciente a una experiencia traumática.”

Como parte del Estudio Cerebro DTI, 16 astronautas son sometidos a un escaneo de resonancia magnética (MRI) antes y después de su viaje para mapear las redes neurales del cerebro y cómo cambian las conexiones después de su experiencia espacial.

Los escaneos de astronautas son como faros, dice Wuyts, iluminan puntos donde puede localizarse problemas para la gente común en la Tierra.

La información servirá como punto de partida para que investigadores médicos identifiquen zonas problemáticas en la estructura cerebral de las personas que sufren trastornos y enfocar ahí sus estudios para encontrar posibles curas.

El estudio Cerebro DTI terminará de recopilar información en 2018 pero un primer avance de los hallazgos ya fueron publicados.